¿Damos un paseo?

Hoy me apetece caminar, dar un paseo y tranquilamente, contemplar el “mundo paralelo” que he creado y me ha creado a partir de mi realidad.

Nuestro paseo empieza en la playa. Como podéis ver, son kilómetros de arena blanca y fina. Sus aguas son color turquesa y los corales llenan de vida el fondo. ¡Mirad, esa es mi barca! Hundida, claro… Aunque llegué a este lugar por culpa de un naufragio, no deja de ser un paisaje idílico para ver tanto los amaneceres como los atardeceres. He decidido empezar nuestro viaje por aquí ya que, para mí, este lugar es el que conecta mi mundo real con este. Es el nexo de unión. Yo no existiría sin esta playa. Continuemos…

Como podéis apreciar, un camino de madera a la izquierda nos ofrece adentrarnos en la vegetación. Poco a poco, vamos dejando de oír las olas para escuchar a los pájaros que habitan en los árboles. El sendero, ahora de tierra compactada por tantas veces que he pasado por aquí, es sinuoso y esquivo. Es verdaderamente sencillo perderse en el bosque sin querer. Cuidado con esa piedra, he tropezado con ella cientos de veces y, aunque he intentado quitarla del camino, siempre vuelve a aparecer en el mismo sitio. Es curioso pero, ya le he cogido algo de cariño. Sigamos…

Empezamos el desnivel. La subida es angosta. Nos dirigimos hacia el acantilado. Es fácil imaginar la de veces que me he colocado en el borde para saltar y al final, siempre me ha faltado el coraje para hacerlo. Desde aquí arriba, con el bosque a mis espaldas y el inmenso mar frente a mis ojos, puedo divisar la tormenta. En este lugar siempre hace mal tiempo. Estoy convencida de que, de alguna manera, lo que he visto tantas veces desde el acantilado es mi estado de ánimo, tormentoso, gris y apagado. Por aquí, por favor…

Esta es una de mis zonas favoritas. El verde prado (a vuestra izquierda) llega hasta donde alcanza la vista pero cuidado, lo que antes era acantilado se ha convertido en abismo. Y os preguntaréis, ¿por qué tiene un abismo? Apareció ahí un día cuando mis IDEAS empezaron a corretear por aquí. Quise vallar para salvarlas de una muerte segura pero, inexplicablemente, no les hacía gracia. Entonces comprendí que no dependía tanto de mí el que corrieran ese riesgo. Lo que les motiva es jugar entre ellas y con el peligro de caer en el abismo. Por eso les dejé vivir como quisieran. Saludad, chicas.

Volvemos a adentrarnos en el bosque. Ahora es más espeso y las nubes, de vez en cuando, ocultan el camino. En un rato, podremos ver en lo alto de aquella montaña mi castillo. ¡Sí! ¡Tengo un castillo! ¿Quién no? Lo malo es que no puedo llevaros hasta él por vuestra seguridad. Veréis, mi castillo es de hielo. Si os llevara moriríais congelados. Y es de hielo porque una vez representó a mi corazón. Uh… ¡qué original! (Pensaréis…) Lo sé, pero en mi defensa diré que fue en un momento de necesidad. También diré que en esa fortaleza habita mi dragón. Sí, también tengo un dragón… y él se encarga, cuando la ocasión lo requiere, de derretir partes del castillo en función de lo que sienta. ¿Lo malo? Que va por libre…

Sigamos, ya va quedando menos. Tras esas montañas que ahora cruzaremos por ese paso de ahí, se encuentra un lugar donde he pasado muchísimas horas. Es mi desierto. Todas las veces que me he encontrado perdida, he aparecido aquí. Sobretodo cuando busco respuestas. El sol es inclemente y no hay gota de agua. Supongo que algún oasis habrá, pero no lo he encontrado nunca. Venid por aquí, si os adentráis en él ya no saldréis jamás. Os lo advierto.

Y llegamos a la última parte, el final del trayecto. Como podréis observar, el desierto conecta allí a lo lejos con la playa del principio. Pero entre ellos hay un camino adoquinado, adornado con antorchas a los lados. Esa es mi casa, mi refugio. El lugar donde paso las horas leyendo, inventando. Hay varias cosas curiosas. Este hogar es bastante austero. Un camastro, una mesa y una lumbre. Tres paredes sin ventanas y una única puerta. Fuera, un jardín del tamaño del mundo y unas vistas espectaculares. ¿Veis aquellas montañas? Aquello son Tierras Altas. El bosque, la playa… Desde aquí puedo verlo todo. Donde soy feliz. Este es mi pequeño gran mundo.

Bienvenidos seáis.

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